Entrevista realizada para masquemetraje.com
Santiago Carmona ha dirigido los cortometrajes El arte de lo grotesco y Cuando los niños lloran. Embarcado ya en su próximo gran proyecto, Paenuria, nos concede una entrevista.
Habéis estrenado Cuando los niños lloran. ¿Cómo surge el proyecto?
Surge desde una clase de la universidad en primero: teoría de la imagen, que teníamos que hacer un tráiler falso y, claro, yo quería hacer un tráiler de terror. Siempre había querido hacer un terror fantástico de un mundo postapocalíptico, pero no quería hacer lo típico de zombis, criaturas del espacio y entonces lo que pensé fue darle una vuelta y enfocarlo en algo mucho más humano y personal, como por ejemplo es la maternidad y los niños. Un mundo postapocalíptico en el que, básicamente, unas criaturas obligan a los humanos a copular cual animales de granja, o sea, se convierten en animales de cría como los cerdos o las vacas en nuestra actualidad. Los humanos pasan a ser eso, simplemente ganado.
En La huella del panda estáis adquiriendo una notoriedad en la ciudad. ¿Cómo ves el mundo audiovisual en el ámbito local y provincial?
Aquí hay gente que quiere hacer muchísimas cosas. O sea, en Burgos hay muchísimo potencial. Un potencial actoral muy bueno, por ejemplo. Muchos actores, muchas actrices, que tienen muchas ganas de salir adelante. Luego de producciones pues sí, lamentablemente son muy pocas y por eso yo creo que La huella del panda está generando un reconocimiento y está generando cierta novedad porque aparte de lo que se hace en la Universidad de Burgos: los de comunicación audiovisual, los cortometrajes, los tráileres que siempre están de un lado para otro… Aparte de eso, La huella del panda se mete un poco más allá en todo. Quiero decir, hemos cerrado una calle, hemos grabado en la morgue, hemos estrenado ya dos veces en el cine; el año pasado en El arte de lo grotesco, este año con Cuando los niños lloran. Y lo que nos hemos dado cuenta es que la gente, aunque sean de la morgue, están emocionados por estas cosas, o sea, están abiertos a permitir que se hagan películas, que se hagan productos audiovisuales de calidad. ¿Qué pasa? Que falta una organización. Falta un grupo de personas que, como nosotros se pueda organizar y que intenten aportar algo. Porque Burgos tiene mucha historia cinematográfica; el cementerio de Sad Hill, por ejemplo, a nivel provincial; Frías, sé que en Frías se han grabado varias tomas para pelis medievales, porque es un pueblo medieval totalmente y luego aquí en mayo se van a grabar Tres exorcismos, que es la nueva peli del director de Malasaña 32. Entonces, si que es verdad que tiene potencial, solamente hace falta organizarlo y explotarlo.
¿Cómo planteáis cada proyecto desde la idea inicial hasta la difusión una vez grabado el cortometraje?
Cuando se trata de proyectos que escribo yo, porque claro, en La huella somos mucha gente y hay muchas personas que también hacen sus guiones, ahora mismo sobre la mesa hay cuatro proyectos, pero te voy a hablar un poco desde mi perspectiva, desde los que escribo yo. Suelen ser complejos porque son proyectos que requieren mucha disponibilidad de personas y muchos desafíos a nivel técnico. Mi primer cortometraje con La huella fue El arte de lo grotesco y lo primero que tuvimos que hacer fue pedirle permiso al ayuntamiento para hacer una hoguera en fuentes blancas y encontrar a cuatro personas que se desnudaran en la noche en noviembre a bailar. Luego en Cuando los niños lloran generar la sensación de un mundo postapocalíptico. Entonces, ¿cómo hacemos nosotros una idea compleja? La tratamos de sintetizar a nuestros recursos, a lo que nosotros somos capaces de hacer, pero sin perder la esencia. Es decir, no podemos hacer muchos planos generales porque no hay recursos para montar toda una escenografía. Pues vamos a los primeros planos, jugamos con los claroscuros, con las sombras… Luego, en nivel de difusión, lo que siempre hacemos a partir de nuestras redes sociales es generar un poco de spam (risas) masivo. Y en festivales; inscribirnos en festivales nacionales, internacionales. La prensa de Burgos nos ha dado mucho apoyo porque somos unos pesados y mandamos notas de prensa a todos los periódicos y diarios. Entonces es como nuestra organización, desde mi punto de vista. Tenemos una idea que en principio es compleja, la sintetizamos, la adaptamos a nuestros recursos, la grabamos, damos mucha publicidad en redes y contactamos con los medios locales y lo mandamos a festivales nacionales e internacionales a ver si hay suerte.
¿Cómo se ha financiado el proyecto y con qué dificultades os encontrasteis?
Es muy curioso porque Cuando los niños lloran es una coproducción con Déjalo fluir, de la que Andrés Velayos es miembro creador y el año pasado él me comentó que quería hacer un proyecto audiovisual para mostrar; algo que tener para la gente y para venderse también él mismo. Fue a las proyecciones de todos los cortometrajes; fue a la nuestra, la de El arte de lo grotesco y luego se reunió conmigo y me dijo que le había gustado mucho y que veía que teníamos potencial y que quería invertir, entonces así fue como encontramos la financiación porque básicamente nos pusieron 1000 euros, de los cuales todo el dinero fue destinado a equipo de arte y pagar actores y yo creo que hacia reservar un montón para distribución. Y claro, el problema que hubo respecto a eso: que el corto, si te pones a hacer un esquema de producción realmente no cuesta 1000 euros, este corto costaría 22000 o 23000 euros entonces, nuevamente, tuvimos que buscar la forma de sintetizar las cosas y adaptarnos. Los demonios, pues no podíamos hacer los demonios que teníamos pensados en un principio: extravagantes, grandes… Tuvimos que idearnos la forma de que aparecieran en la oscuridad con las manos y las garras. Las localizaciones: pues buscamos la forma de que todas nos las cedieran gratis para gastar todo el dinero en la sangre falsa, en la barriga de embarazada. Y el principal problema que tuvimos fue que para que rindiera ese dinero, en lugar de seis días de rodaje, que era lo lógico para un proyecto de estas magnitudes, lo condensamos todo a cuatro días. El último día de rodaje dejamos nueve escenas para grabar. Se nos juntó todo, el último día fue muy estresante, yo me mareé. Tuve que ponerme a descansar media hora antes de seguir. Incluso hubo un momento del día, porque tuvimos problemas de sonido con el viento porque era muy fuerte y ni siquiera el gato muerto lo opacaba, en el que yo pensé “no vamos a llegar, no sé qué vamos a hacer, pero no vamos a grabar todas las escenas”. Pero finalmente creo que todo el equipo sintió la necesidad de sacarlo adelante, porque todo lo demás era brutal. La idea era terminar a las once y terminamos a las doce y media o una de la mañana, pero a pesar de esos inconvenientes lo pudimos hacer.
Ya tienes cierta experiencia previa en la grabación de cortometrajes, con El arte de lo grotesco, por ejemplo. ¿Cómo evoluciona la experiencia?
A ver, yo empecé en Colombia. Seriamente empecé con un proyecto llamado Insomnia porque antes mi primer cortometraje no ha visto la luz (risas), no va a ver la luz. Porque era ese momento en el que estás jugueteando, en el que lo ves todo superguay, genial. Tienes una cámara en tus manos, es la primera vez que te enfrentas a pensar en planos. Ahora mismo me salen mucho más natural, pero al comenzar era como traducir un lenguaje literario en un lenguaje cinematográfico que son puros planos. Salió algo sin más, pero ya mi proyecto más serio en Colombia fue Insomnia, que ya me puse incluso con temas de preproducción, que no me había puesto en el primero; aprendí un poco de eso de ser productor, de tirarme un mes y medio haciendo máscaras, consiguiendo material, cerrando localizaciones. Salió algo que estoy muy orgulloso de ello. De hecho, en Medellín se estrenó en el canal de televisión regional. Pero aquí en Burgos es donde más he aprendido porque con La huella nos hemos puesto retos cada vez más exigentes. El reto de El arte de lo grotesco era “vamos a hacer una hoguera en Fuentes blancas” y vamos a convertir un trabajo de la asignatura de arte en algo que podamos enseñar y que sea un poco más profesional, o sea, nos lo tomamos más en serio desde el tema de iluminación hasta el tema de arte… ¿Qué pasa? Que también, yo por lo menos, era bastante inexperto en el tema organizativo y El arte de lo grotesco fue un rodaje muy extenuante porque igual un día nos pasábamos dieciséis horas grabando. En esa parte fallé porque apenas estábamos empezando a organizarnos. Luego con Meriem, que es el cortometraje de José Donis, que va a salir el tráiler pronto, ¿cuál era el reto? Cortar una calle de Burgos y grabar en una morgue. ¿Y cuál era el otro reto? Mejorar nuestra organización. Porque ya era una morgue; una morgue te dice “te damos de cuatro a siete”. Ahí ya no te puedes pasar de tiempo porque tienes que irte, es un lugar muy serio. Nosotros teníamos que comportarnos serios y queríamos que nos tuviesen en cuenta, entonces ahí nos metimos caña. Cortar una calle también era bastante serio porque estaba la policía. La policía nos cortó el puente de un lado y de otro. También teníamos que darnos prisa porque teníamos un horario, entonces ahí aprendimos más de producción y más de organización. Y en Cuando los niños lloran aprendimos, sobre todo, la importancia de trabajar con los actores antes, hacer los ensayos. Yo creo que todas estas cositas, que igual no te las enseñan en ningún sitio, sino que las tienes que aprender tú con la experiencia es lo que ahora, igual, yo puedo decir “puedo enfrentarme a este rodaje y no me enfrento con miedo” porque más o menos ya he podido resolver otras cosas que eran más difíciles que esta en particular.
El corto trata, a mi juicio, la traición y la desconfianza. ¿Cómo y por qué eliges este tema?
Es lo que te decía. Quería hacer un terror de la vieja usanza, serie B, 1980, 1990, de cuando se puso de moda, básicamente. Postapocalíptico. Pero ¿cómo le daba una vuelta? Pues convirtiendo esa serie B en algo un poco más posmoderno. ¿Y qué trata el terror posmoderno hoy en día? Trata al sujeto. Hereditary y Midsommar de Ari Aster lo que tratan es el terror desde un punto de vista casi ontológico, es decir, el ser. Lo que existe para el ser y lo que importa para el ser. Entonces en Cuando los niños lloran lo que intenté fue “sí, hay un elemento importante de terror que son unas criaturas que te están persiguiendo por el bosque”, pero realmente las criaturas aparecen muy poco. Lo que importa, lo que yo quise transmitir en el corto era lo que estaba sintiendo la protagonista, Sofía, porque pasa de momentos de esperanza a momentos de desolación increíbles. Y luego, la desconfianza, pues quería explorar que la naturaleza humana se basa en emociones muy negativas cuando se lleva al extremo. Emociones como la desconfianza, la individualidad, querer sobrevivir por encima de cualquier cosa, el “lo que vale soy yo y no me importas tú”, que es lo que demuestra el personaje de Tomás. Y también me he metido un poco con el tema de la moralidad, porque en este mundo ¿qué moralidad existe? Sin embargo, ha personajes que se siguen comportando con ciertos tipos de moral. Por ejemplo, Sofía sigue siendo un personaje muy moral a pesar de que se muestra fuerte ante la situación que está viviendo. Muy moral en cuanto a “no le puedes pegar a este chico que nos está dando una esperanza”. Muy moral en cuanto a que lo que le importa sobre todo es proteger a su hijo y que salgan todos con vida más que ella misma. Una moral como “tradicional”. Entonces era explorar un poco los matices de cada personaje más que los elementos sobrenaturales, que son importantes y están, pero yo creo que lo que lo transmite son los personajes.
¿Cuál es el aspecto principal en el que pones más cuidado a la hora de escribir y dirigir?
A la hora de escribir me gusta mucho investigar los nombres, para mí es muy importante que signifiquen o que se relacionen con la personalidad que tiene el personaje. Ahora mismo no me acuerdo muy bien y creo que voy a decir una estupidez, pero el personaje de Tomás, por ejemplo, cuando le puse ese nombre, había investigado y anteriormente significaba guerrero, pero al que no había que tenerle mucha confianza. No se cómo definirlo bien porque no lo tengo muy fresco, pero para mí los nombres son muy importantes. Y si puedo, aunque muchas veces no lo consigo, generar ciertas referencias al cine que siempre he consumido, una especie de pequeña cartita de amor a lo que he visto. Por ejemplo, en El arte de lo grotesco, una referencia muy importante fue Eyes wide shut de Stanley Kubrick y que gracias a esa película se guio la iluminación de El arte de lo grotesco. En Cuando los niños lloran una referencia muy importante fue la primera temporada de The walking dead por el tema postapocalíptico de los bosques, aunque no sea de zombis. También hay una referencia a Goodnight Mommy, una película austriaca de terror, que es cuando Miriam está caminando por el bosque de noche asustada. Es una referencia a unos planos que ellos hicieron de un personaje que se va desnudando y camina por el bosque. A la hora de dirigir lo que más me importa es la relación con los actores; la confianza. Porque yo creo que, en una escena, para que salga bien, para que se sienta natural, para que el espectador no la vea forzada, se tiene que generar un cierto vínculo entre los actores y tú estás de por medio para que se forje. En los ensayos tú estás para propiciar ese vínculo y para mí eso es muy importante.